07 enero 2016

Cesc Fábregas un bizco con suerte

«Si me voy del Arsenal, me gustaría ir al Barcelona». Contundente. Ni Real Madrid, ni gaitas. O al club donde se formó o a ningún lado. Aquéllo lo soltó en el verano de 2010, pero la insistencia blanca fue peor que la de una fan adolescente con su cantante favorito. 

Tanto, que le tocó meditar sobre el interés del conjunto madridista, que siguió detrás suyo hasta la pasada temporada para hacerse con sus servicios. Al parecer, sus mensajes de apoyo en las redes sociales a sus amigos azulgrana tumbaron la propuesta de Florentino Pérez. Y volver a casa, por mucho que le diera vueltas al tema y pensara en cómo le podría ir en el Bernabéu, convenció a Cesc Fàbregas (Arenys de Mar, 1987).

Eso fue antes de convertirse en objeto de deseo para peluqueros y estilistas, con unas greñas pasadas por la plancha que hacían las delicias de un poseso con unas tijeras o una podadora, depende de los gustos. Fue volver a ponerse la zamarra barcelonista, la misma con la que se formó de crío, y dejarse crecer las puntas. El pelo acabó en el suelo, cortado, la semana pasada. Su calidad sigue desarrollándose en el Barcelona, con el que se medirá a un Madrid que sabía muy bien que ese chico reforzando al rival no era un buen asunto. Sólo las molestias musculares, que aparecen en su camino cada cierto tiempo, son sus únicas enemigas en su progresión.

Ya desde su incorporación al Barcelona se vio que Cesc encajaría sin problemas. Compañero de quinta de Messi y Piqué, sabía de memoria el estilo de juego y sólo le faltaba hacerse a la gente con la que no había coincidido en la selección española. Así se entiende que ya destacara en su primer partido, ni más ni menos que ante el Madrid en la Supercopa de España al poco de llegar. Desde entonces, lleva nueve goles en lo que va de temporada, igualado con un difuminado David Villa. Sin ir más lejos, ésa es la misma cantidad de tantos que festejó la pasada temporada en el Arsenal, donde estuvo ocho años y acabó siendo su capitán.

«Es nuestro comodín», defiende el canterano Isaac Cuenca. No le falta razón. Cesc puede actuar como organizador, media punta, falso nueve e interior. De todas esas demarcaciones, la que más le cuesta, tal y como ha reconocido él mismo, es la última. Y pese a todo, ha aprendido a incorporarse más al ataque, recuperando rápidamente la posición para que no se note tanto el cambio. No parece que sea todo nuevo para él. Es como si hubiera vuelto el mismo chiquillo que jugaba en el Barça y que se fue al Arsenal.

«Tiene una manera muy particular de jugar, como la mayoría de los chicos que salen de aquí. Pero a todo eso se le une que en Inglaterra se le agregó mucho gol y mucha agresividad para atacar, moviéndose desde segunda línea hasta el área rival. Eso nos beneficia, supone mucho para nosotros que un centrocampista ofensivo llegue y tenga tanto gol», admite Javier Mascherano, un medio hecho central por obra y gracia de Guardiola.

Desde que lo tuvo a sus órdenes, el hacedor azulgrana tuvo claro hacer ubicuo a Cesc. Y que así pueda estar en un sitio y en varios al mismo tiempo. Algunos compañeros ya se han dado cuenta de ello. En un instante ronda el centro del campo y luego, al siguiente, en cuestión de décimas de segundo, remata a portería para acto seguido celebrar un gol. «Nos ofrece mucha llegada desde segunda línea, mucha creación a la hora de tener la pelota en su poder y su talento», opina Víctor Valdés.

Además, el portero destaca otra cualidad: «A diferencia de otros, tuvo una adaptación muy rápida porque estaba hecho en la casa y nos conocía a todos, como también la forma de trabajar del técnico. Ha sido todo tan veloz porque ha sido natural y por esa razón está ofreciendo un rendimiento espectacular».

De ahí que todo en la vida le sonría a Cesc, objeto de deseo blanco y azulgrana hasta agosto. ¿Qué hubiera pasado si hubiera acabado en el Madrid? Tal vez, que la historia sería diferente y que el plan para asegurar el futuro barcelonista (Messi, Pedro, Piqué y él tienen la misma edad, Busquets y Alexis un año menos), sería una utopía. Al final, no fue así.

600 apariciones
Con el de hoy serán 600 los partidos oficiales del genial centrocampista con la camiseta azulgrana. Es, por méritos propios, el jugador del Barça que más choques ha disputado. Cada día que pasa se incrementa su leyenda, a la que tal vez le falta un Balón de Oro al que vuelve a optar tras su extraordinaria última temporada. Hoy guiará al Barça en el Santiago Bernabéu, un estadio donde asegura que jugar es «un placer» y donde ha vivido escenas maravillosas. Puede que no sea el más vistoso de sus compañeros, pero sí es el más determinante. Sin él, puede que el equipo se descompusiera.

¿Más de lo mismo?
Leo Messi lleva anotados 13 goles en los 15 clásicos que ha disputado frente al Real Madrid. Una auténtica barbaridad. El considerado por muchos como el mejor jugador del planeta parece tenerle cogida la medida al conjunto blanco. Hoy volverá a canalizar el ataque del Barcelona y defenderá su rol mundial frente al que muchos consideran su némesis deportiva: Cristiano Ronaldo. Ambos están igualados con 17 dianas en su pugna particular por ser el máximo anotador de la Liga. Tan abismal es su potencial que el tercero en liza en este listado, Higuaín, está cinco goles por debajo.

Un portero de 10
Víctor Valdés disputará esta noche su décimo clásico en el Bernabéu. Hasta el momento, ha jugado ocho de ellos en la Liga y uno en la Champions. Ha combinado actuaciones más que destacadas (incluso ha logrado marcharse imbatido dos veces, una de ellas en Europa y la otra, hace dos campañas, en ambos casos con triunfo por 0-2) con experiencias más amargas, como un contundente 4-1 con pasillo incluido al eterno rival. Sea cual sea el tipo de defensa finalmente elegida por Guardiola, el meta es una de las grandes bazas azulgrana para asaltar el feudo madridista.

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